viernes, 20 de abril de 2012

Renacimiento y Humanismo en Italia


Italia: La cuna del Renacimiento



En Italia las comunas oligárquicas que antiguamente seguían un modelo político republicano, darán paso a “principados” monopolizados por las familias más poderosas de la ciudad (como los Medici en Florencia, los Sforza en Milán o los Papas en Roma). Este fraccionismo italiano está fomentado por el papado, que no desea el desarrollo de un poder fuerte cerca de las fronteras de los estados pontificios. La historia italiana de este período está marcada por las guerras de poder internas del país. Los partidarios del poder papal recibieron el nombre de güelfos[1], y los partidarios del poder de los emperadores, el de gibelinos.  Pero pese a la debilidad que supone esta situación, es de Italia de donde salen las formas de pensamiento revolucionario que caracterizan la época, y que son acogidas ávidamente por las restantes cortes europeas.El surgimiento de estas nuevas monarquías y principados tendrán como consecuencia la aparición de cortes palaciegas que actuarán como verdaderos focos de mecenazgo para el mundo de la cultura[2]. El Renacimiento en Italia tiene tres grandes focos: Florencia, Roma y Venecia. El esplendor de Florencia se debe principalmente a los Medici[3], una familia de banqueros y en especial a Lorenzo el Magnífico[4]. El poder de los Medici sobre Florencia se vio interrumpido cuando accedió al poder el conservador Savonarola. Sus seguidores fueron abundantes[5] y de talante muchas veces fanático. Le arrebató el poder a los Médici y creó las famosas hogueras de las vanidades, donde quemó numerosos libros y obras.  Sin embargo, el nuevo papa, Alejandro VI, se alió con los aristócratas y persiguieron tanto a Savonarola como a sus seguidores. Finalmente, todos ellos fueron aprisionados como herejes y Savonarola fue quemado en la hoguera en la plaza de Florencia.


El pensamiento humanista en Italia 


Se plantea una nueva educación en Italia: los estudios de humanidades (studia humanitatis). Todo lo referido a la palabra y la escritura toma una gran importancia, como la retórica. Se produce una exaltación de las lenguas clásicas: latín y griego[6]. La gente pudiente tenía libros en casa e, incluso, bibliotecas. También se crean bibliotecas públicas para que todo el que quiera pueda consultar los libros. En Italia se pueden distinguir dos corrientes de pensamiento humanista: la escuela veneciana y la escuela florentina. En Florencia proliferaba una visión del mundo platónica en la que tienen mucha importancia algunos traductores de griego como Georgios Gemistos. Antes de marcharse de Florencia, Gemistos había preparado intelectualmente un joven que era hijo del médico de Cosme de Medici. Durante doce años, Cosme de Medici colaboró con Ficino en su traducción de Platón[7]. Cosme fundó la Academia Platónica florentina[8] en la que se impartieron las enseñanzas de Platón. Al principio no eran más que reuniones de amigos para discutir temas literarios, y no fue más allá del grupo de eruditos ligados a la familia de los Medici. Sin embargo, fue imitada en otras ciudades de Italia y posteriormente en todas las naciones de Europa. Uno de los integrantes más importantes de la Academia era también el miembro más joven: Pico della Mirandola quien, pese a morir muy joven (a los treinta y un años) quedó como el intelectual más grande de su tiempo[9].El centro humanista de Venecia es la gran imprenta de Manucio[10], quien inventa el libro de bolsillo. La visión veneciana es más Aristotélica, siguiendo, al menos en parte, la filosofía de Averroes. Los mayores centros de la imprenta se encontraban en Venecia, Basilea, París y Amberes y la transmisión de los textos se hacía a través de las rutas comerciales (mapa pág. 11).Otro gran filósofo importantísimo de la época fue Nicolás de Maquiavelo (1469 – 1527). En 1498 se le nombró canciller del Consejo de la Signoría de Florencia. Inmediatamente pasó a secretario de Estado, cargo en el que se mantuvo durante 15 años. En este tiempo se le encomendaron 23 misiones diplomáticas que Maquiavelo llevó a cabo con gran sagacidad y "savoir faire". Maquiavelo se declaró enemigo de los Médici, por lo que cuando éstos regresaron al poder en Florencia fue depuesto de su cargo y desterrado, en el año 1512. El papa León X le amnistió por lo que pudo regresar a Florencia. Sin embargo, poco tiempo después murió. Se cree que fue envenenado. Maquiavelo escribió entre otras obras El Príncipe, dedicado al Gran Duque de Médici, donde exponía sus principios acerca del buen gobierno. Su ideario político es resumido con frecuencia en la conocida frase "El fin justifica los medios".



[1] El poeta Dante Alighieri perteneció a una facción de este grupo: los güelfos blancos, que tuvieron numerosas disputas (en las que resultaron perdedores) con los güelfos negros.
[2] Serán estos mecenas los que harán posible la aparición del Renacimiento y el Humanismo ofreciendo protección y dinero (gentil auspicio) a los pensadores y artistas (se trata de una cultura muy cara). Los mecenas más importantes fueron los Medici en Florencia, los Sforza en Milán y los papas en Roma.
[3] Los Medici fueron unos brillantes cancilleres que, si bien no respetaban la vida ni la hacienda de ningún ciudadano, establecieron una gran libertad de pensamiento, convirtiendo Florencia en una ciudad en la que se podían desarrollar, con una inmunidad relativa, los estudios humanísticos.
[4] Fue un gran patrón de la artes, encargando trabajos a Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci y Botticelli. Lorenzo también fue un talentoso músico y trajo a Florencia a algunos de los compositores y cantantes más famosos del momento, como Alexander Agricola, Johannes Ghiselin, y Heinrich Isaac.
[5] Uno de los seguidores de Savonarola fue el pintor Rafael Sanzio, quien realizó un cuadro poniendo de manifiesto la injusta persecución que sufrió el dominico.
[6] “(…) la (lengua) griega, sin la cual es vergüenza que una persona se califique de sabio”: François Rabelais: Gargantúa y Pantagruel (1532 – 1564).
[7] Para Marsilio Ficino, Sócrates y Platón habían sido tan dignos de recibir la revelación de la verdad como los propios evangelistas.
[8] Sus miembros más destacados eran Cosme de Medici, Marsilio Ficino, Benedetto Varchi, el hijo de Cosme, Lorenzo de Medici, el arquitecto León Baptista Alberti, Cristoforo Landino (el más anciano del grupo) y Pico della Mirandola (el más joven)
[9] Para Marsilio Ficino, el hombre era vicario de Dios, una imagen de Dios, nacida pan regir el mundo y que podía pretender todas las cosas. Pico della Mirandola, puso en boca de Dios la siguiente frase: «Tú, que no estás sujeto a ningún límite, determinarás por ti mismo tu propia naturaleza, según tu libre voluntad.»
[10] Aldo Manucio (1449 – 1515). Una de las ambiciones de Manuzio era evitar que las obras de la literatura griega cayesen en el olvido o la pérdida física, por lo que las convirtió en sus principales proyectos de edición

Lutero: Reforma y Contrarreforma




A principios del siglo XVI, el malestar general y la opinión que el pueblo tenía en cuanto a la Iglesia y sus dirigentes, hacían inevitable una reforma. Desde hacía tiempo, nadie discutía los abusos morales[1] o eclesiales del clero, ni la avaricia, corrupción o la ignorancia de los eclesiásticos. Sin embargo, la tarea de afrontar un gran cambio en el corazón de una institución tan poderosa y jerarquizada como era la iglesia era sin duda un trabajo demasiado grande y complejo, por lo que la reforma llegó únicamente en un momento en el que las circunstancias no podían dar más de sí. Toda esta situación fue criticada por humanistas de la época como Erasmo de Róterdam[2], pero sin ofrecer alternativas[3]. La figura decisiva en el ámbito religioso del siglo XVI fue Lutero.
Martín Lutero (1483 – 1546): nació en Eisleben, Alemania, en una familia campesina. Estudió filosofía nominalista (nota 3) en la Universidad de Erfurt y teología en Wittemberg. Es esencial para entender, no solo la evolución del reformismo, sino también la contrarreforma. Lutero centra su reflexión en la predestinación[4] y, mediante la constante lectura de la Biblia, le da la clave para la salvación. En una epístola de San Pablo a los romanos lee: “el justo se salva por la fe” (Rm 1,17), lo que interpreta como que el simple hecho de creer o tener fe es el camino de la salvación[5]. Estas conclusiones limitan enormemente el papel mediador de la Iglesia así como el del purgatorio (nota 14).
Es posible que una de las causas que le hicieran decidirse a tomar cartas en el asunto fuera su visita a Roma en 1511, cuando sufrió una grave crisis de fe y vocacional al observar de primera mano la corrupción de la cabeza de la Iglesia. Así, varios años después, en 1517, redacta sus 95 tesis[6] sobre las indulgencias y las clava, el 31 de Enero, en la puerta de la iglesia de la universidad de Wittenberg. Es el comienzo de la Reforma Luterana.
Las reacciones no tardaron en aparecer: en 1518, se “invitó” a Lutero a retractarse de sus palabras, pero este, apoyado por sus seguidores, no lo hizo. En 1521, la dieta de Worms[7] lo exilió y decretó la quema de sus libros. Lutero pudo esquivar la condena con ayuda de su amigo, el príncipe elector Federico el Sabio y con ayuda de otros pensadores como Felipe Melanchton pudo continuar su obra[8]. Así se sentaron las bases de la religión Luterana: la predestinación del hombre, una relación más directa del hombre con Dios sin necesidad de intermediarios, una Iglesia más modesta e igualitaria y una liturgia más participativa.
Este inicio de reformas envalentonó a otros que siguieron los pasos de Lutero creando doctrinas aparte, como Thomas Münzer y los anabaptistas, Juan Calvino y el calvinismo, o el anglicanismo en Inglaterra, motivado por el rey Enrique VIII.
Entre 1545 y 1648, la Iglesia inició un periodo de cambios que han sido denominados como contrarreforma. Sin embargo, algunos historiadores niegan que fuera una simple respuesta a la reforma iniciada por Lutero, sino que fue algo que sucedió al margen de esto y que se habría dado en cualquier caso.
Las principales medidas de la contrarreforma fueron:
  •  El Concilio de Trento: convocado por el papa Pablo III entre 1545 y 1563. Sus principales acuerdos fueron la magnificencia e infalibilidad del Papa, el refuerzo al culto de la Virgen y los Santos y la importancia de la transustanciación (la transformación del pan y el vino en carne y sangre)
  •  La Compañía de Jesús o los jesuitas: fundada en 1540 por Ignacio de Loyola tenía misión educativa y evangelizadora y además de los votos de pobreza, obediencia y castidad, tenían un cuarto de total sumisión al Papa.
  • Se reactiva la Santa Inquisición (pág. 8).
  • Se redacta el El Index librorum prohibitorum et expurgatorum: el índice de libros prohibidos por la Iglesia o Índex.



[1] En la coronación del papa Alejandro VI, para honrarle, el pueblo romano construyó un arco de triunfo con la inscripción: “La Roma de los Césares fue grande, ésta de los Papas lo es más; aquéllos eran emperadores, éstos son dioses”. Aunque la autoría de este escrito no puede atribuirse al Pontificado, si es cierto que los Papas se sentían omnipotentes y con derecho sobre los reyes; lo cual se demuestra con el lenguaje usado en sus bulas y excomuniones.
[2] Erasmo (1466 – 1536) criticó duramente a la sociedad eclesiástica de su tiempo, pero no tomó partido ni se decidió por ningún bando alegando estar en la posición de erudito observador, por lo que fue criticado tanto por católicos como por protestantes. Se dio la situación, de hecho, de que el Papa Adriano VI, que era casi su compatriota, le ofrecía un capelo (título de cardenal) al tiempo que Lutero le pedía por carta que se uniera a la causa reformista. A estas peticiones Erasmo respondió rehusando el capelo del Papa y a Lutero le dijo que, deliberadamente, no había leído sus escritos.
[3] Otros humanistas que criticaron a la Iglesia fueron, por ejemplo, el inglés John Wyclif y el alemán Jan Hus.
[4] La predestinación era una teoría de San Agustín que plantea que sólo Dios elige al que ha de alcanzar la salvación.
[5] “Sé pecador y peca fuerte, pero sé aún más fuerte en tu fe y alegría en Cristo” (Martín Lutero).
[6] Se pueden resumir las 95 tesis sobre las indulgencias en seis puntos fundamentales: 1. Las indulgencias solo tienen valor para liberar de las penas que la Iglesia ha impuesto a través del Papa o sacerdotes. Estas penas solo se aplican a los vivos puesto que los muertos ya son libres de las leyes de la Iglesia. 2. El cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho al perdón completo aún sin cartas de indulgencias. Dios le ha concedido la libertad que nadie le puede quitar. 3. Es preferible hacer obras de caridad y suplir las necesidades de su hogar que comprar indulgencias. 4. Es doctrina humana predicar sobre el valor de las indulgencias. Lo cual es solo una forma de sacarles el dinero a los pobres. 5. Incurren en blasfemia aquellos que afirman que la Indulgencias son el inestimable don de Dios, que si San Pedro viviera hoy no podría conceder mayores gracias o que la cruz con las armas papales equivale a la cruz de Cristo. 6. ¿Porqué el Papa, cuya fortuna es mayor que la de los más grandes ricos, no construye de su propio dinero la basílica de San Pedro, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes? ¿Por qué si el Papa puede sacar del purgatorio a las personas, no lo vacía sin pedir dinero, solamente por amor cristiano? Se debe enseñar que si el Papa conociera los excesos de los predicadores de indulgencias preferiría vender la basílica de San Pedro o reducirla a cenizas antes que construirla con la piel y huesos de sus ovejas
[7] Fue una asamblea integrada por los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico y presidida por el emperador Carlos V.
[8] Fue decisivo para la difusión de su pensamiento (así como para muchísimas otras cosas) el que posiblemente sea el invento más importante de la era Moderna: la imprenta. Fue creada en el año 1440 aproximadamente, por Johannes Gutenberg. Fue el principal medio de difusión de ideas desde su invención hasta la aparición de Internet y fue crucial para la redacción y distribución de algunos de los textos más importantes de la Historia, como la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert (siglo XVIII).

Renacimiento y Humanismo


El movimiento cultural renacentista


El renacimiento es un movimiento artístico, literario, social y cultural que se desarrolla principalmente entre el siglo XIV y mediados del siglo XVI que supone un resurgir de la cultura clásica. Este pensamiento está impulsado en gran medida por el desarrollo de la revolución comercial, propulsora inicial del poderío de las ciudades. Algunos pensadores de la época empiezan a plantear teorías nuevas que difieren del pensamiento tradicional:
Juan Duns Escoto o Guillermo de Ockham  rechazan el equilibrio entre la fe y la razón que había intentado establecer Tomás de Aquino. Ockham defiende que las palabras o las ideas carecen de realidad y sólo es real el individuo, al que se le puede llegar a conocer de forma empírica. Este nominalismo propició, entre otras cosas un desarrollo de las matemáticas (Oresme, Dumbleton, Bradwardine o Buridan). También impulsó a algunos teólogos a escudriñar los textos bíblicos (Gerson)
 A partir de los siglos XI y XII Europa redescubre a los clásicos al tiempo que la iglesia empieza a sufrir un descrédito a causa de sus vanas discusiones teológicas, alejadas de los verdaderos problemas del pueblo, su comportamiento feudal y sus enfrentamientos políticos con el Sacro Imperio.
Los escritores y pensadores expresan una nueva moral en la que el compromiso activo dentro de la vida pública adquiere una gran importancia.
El principal impulso que tuvo el Renacimiento con la literatura lo dio Petrarca (1304 – 1374), con el redescubrimientos de obras de Cicerón como De Senectute[1]. Los intelectuales de la época quedaron fascinados por la figura de Cicerón: un hombre totalmente independiente que plantea su vida y su obra como una entrega total a la sociedad, a la “res publica”.
Algunos de éstos intelectuales, como Coluccio Salutati o Leonardo Bruni, presentaron a Cicerón y su concepto de individualidad y libertad como un ejemplo a seguir.

Humanismo: el pensamiento renacentista


El mayor cambio producido en el paso entre la Edad Media y la Moderna es el fin del monopolio de la cultura y el pensamiento por parte de la Iglesia. Esta secularización de la razón propició enormemente el desarrollo del pensamiento renacentista, que dejaba de estar sometido por la Iglesia para pasar a los intelectuales de la época, quienes empezaron a usarlo para el desarrollo de lo humano[2] en detrimento de lo divino[3]. La principal característica del Humanismo es la valoración del individuo frente a la masa[4].Este nuevo pensamiento influyó en la mentalidad de hombres importantes de la época como Cristóbal Colón o Leonardo da Vinci que compartían la inquietud por descubrir, crear y progresar. La aplicación práctica de este espíritu plantó el germen de la aparición de la ciencia moderna[5].
Otro cambio que se produce son las distintas fuentes filosóficas: mientras que en los siglos XIII y XIV las fuentes habían sido básicamente cristianas (apoyándose en Aristóteles), el siglo XV  hay una vuelta a los clásicos (que si bien no habían sido ignorados totalmente por los medievales, si habían sido adaptados a la visión teocéntrica de la época), es el “siglo de Platón”.
Con el Humanismo la moral cristiana queda relegada a un segundo término, dando paso a una visión matemática del universo y al espiritualismo  idealista de Marsilio Ficino.
El Humanismo se propaga rápidamente por toda Europa, ya que despierta un gran interés en los monarcas y hombres cultos de todos los países. Un factor fundamental en la propagación de estas ideas fue la invención de la imprenta.
Mucha gente acudía a Italia para visitar las escuelas humanistas, entre las que destacan la de Vittorino de Feltre y la de Guarino de Verona.
Es importante señalar que este Humanismo sólo llegó a las minorías cultas.


[1] Petrarca también fue el gran redescubridor de Vitruvio, sin el cual no podríamos entender el arte renacentista tal y como es.
[2] Visión individualista y antropocéntrica (“El Hombre es la medida de todas las cosas”: Protagoras). Petrarca o Poggio (siglo XIV) fueron precursores del pensamiento humanista, recordando al hombre el valor de sus propias cualidades y su papel central en el conjunto del universo
[3] La visión teocéntrica y colectiva de la sociedad que imperaba durante la Edad Media.
[4] Durante la Edad Media, la conciencia popular era una conciencia colectiva: no existía la individualidad, todas las personas habían sido creadas por Dios y todas tenían que servir a Dios. Esta mentalidad impide la posibilidad de avanzar en cualquier terreno cultural, ya que el hombre por sí mismo no es nada, y por tanto no puede inventar (la capacidad de la creación es únicamente propiedad de Dios). Prueba de este pensamiento se da en la importancia de los copistas medievales. No hay apenas obras nuevas, todo lo bueno ya ha sido creado con anterioridad (con los clásicos) y como el hombre no puede crear, lo único que puede hacer es transmitir los conocimientos tal y como han ido llegado de los antiguos, ajustándolos a la visión cristiana.
A finales de la Edad Media, este pensamiento va cambiando progresivamente. La sociedad pasa de ser teocéntrica a ser antropocéntrica, pero sin marginar a la religión, que sigue siendo muy importante. El hombre pasó de formar parte de un colectivo a tener importancia por sí mismo.
[5] La creencia en la capacidad de conocer por sí mismo llevo a científicos como Copérnico (1473 – 1543) a defender su teoría del sistema heliocéntrico o a Miguel Servet (1511 – 1553), quien fue quemado en la hoguera tras descubrir la circulación de la sangre. Por no hablar de Leonardo da Vinci, quien hizo numerosos estudios y tratados sobre pintura, escultura, ingeniería, arquitectura, etc.

Política y Economía en la Europa Renacentista




A finales de la Edad Media, especialmente en el siglo XIV se produce un fuerte bajón demográfico provocado principalmente por la Peste Negra de 1348. Sin embargo, durante los siglos XV y XVI se produce un crecimiento de la población que favorece el aumento de gente joven[1].
Los numerosos conflictos de finales de la Edad Media[2] acabaron con la resistencia nobiliaria, que finalmente acabó cediendo ante el poder monárquico. A partir de 1450 llegan a los principales tronos europeos dinastías fuertes (Habsburgo, Valois, Tudor, etc.). Esto provoca el final progresivo del feudalismo[3] ya que los nuevos monarcas son capaces de imponer su soberanía sobre los poderes feudales[4]. Los nuevos monarcas intentarán homogeneizar sus reinos en el ámbito religioso, político, económico[5], social y cultural. Esta centralización queda reflejada en la aparición de las primeras capitales de los estados europeos (París, Londres Lisboa o Madrid), que fueron necesarias para la administración del estado debido a la burocratización y complejidad de los nuevos estados modernos. Toda esta nueva administración era muy difícil de financiar, por lo que los monarcas tuvieron que encontrar la forma de sufragar al estado, por ejemplo, con la venta de títulos honoríficos o solicitando préstamos a los grandes banqueros europeos (los Fugger, los Spinola, etc.).
Las sociedades renacentistas, cuya población vivía principalmente en aldeas, eran básicamente agrarias[6] (aproximadamente el 85% - 90% de la población se dedicaba a la agricultura). Aunque también tuvieron mucha importancia las manufacturas[7], especialmente la textil, la minera y la naval. Gran importancia tuvieron también las rutas comerciales dentro de toda Europa, que estaba dividida en áreas comerciales, siendo una de las más importantes la controlada por la Liga Hanseática[8].


[1] Esto es una de las razones que hicieron posible este cambio de mentalidad: la sociedad joven es más activa que la anciana y está más dispuesta a impulsar los cambios sociales.
[2] Los conflictos más importantes fueron la Guerra de los Cien Años (1337 - 1453) entre Francia e Inglaterra, la posterior guerra civil en Inglaterra (la Guerra de las Dos Rosas: 1455 - 1485) o la Guerra de Sucesión Castellana (1475 – 1479).
[3] El feudalismo era el sistema político característico de la Europa medieval. Consistía en un estado fragmentado en el que la soberanía se repartía entre los nobles (territorios señoriales), el clero (territorio de abadengo) y el rey (territorio de realengo), quedando este último como un señor feudal más. Por esta razón, la legitimidad de la corona dependía en gran medida de la capacidad del rey para mantener a los señores feudales bajo control.
[4] Es importante señalar que estos monarcas absolutistas contaban con el apoyo del pueblo llano, quienes los veían como una garantía de paz. Se puede observar en este hecho un incipiente nacionalismo.
[5] Durante los siglos XIII y XIV, aparecen tímidamente en Europa los primeros síntomas del sistema capitalista o liberalismo económico, cuya característica principal es la mínima intervención del estado en la economía, limitándose estas a defender las libertades del individuo. En este proceso intervienen algunos factores como la aparición de la burguesía o el triunfo de las monarquías absolutistas.
[6] Era una agricultura extensiva, con utilización de barbecho, que giraba en torno al trigo, la cebada, el maíz y el cereal. Se comerciaba con el excedente. En cuanto a la agricultura, los animales más importantes eran la cabra, la oveja (muy importante por su lana), la vaca y el cerdo.
[7] Estaban agrupadas en gremios, los cuales controlaban la calidad y los precios de los productos, pero no favorecían lo más mínimo a la innovación.
[8] Fue una federación de ciudades del norte de Alemania y de comunidades de comerciantes alemanes en el mar Báltico, los Países Bajos, Noruega, Suecia, Inglaterra, Polonia, Rusia, parte de Finlandia y Dinamarca, así como regiones que ahora se encuentran en Estonia y Letonia.

La Iglesia durante la Baja Edad Media




El cristianismo, que desde su aparición había sido una religión marginada e incluso a veces perseguida, había obtenido por fin el reconocimiento de la sociedad romana a principios del siglo IV, con la publicación del Edicto de Milán[1]. Pero la victoria definitiva del cristianismo se produce en el año 391 cuando se completa la oficialidad de la religión católica en el Imperio romano tras la promulgación del Edicto de Tesalónica[2] con leyes muy duras en contra del paganismo.
A partir del siglo XI y el siglo XII, se introducen en el cristianismo una serie de innovaciones dogmáticas que tuvieron gran transcendencia: la imposición del rito romano[3], el celibato, el hallazgo del papel del purgatorio en la religión[4], la mariolatría (La intensificación del papel de la Virgen María) y la institucionalización de los sacramentos[5].
Otro elemento característico del cristianismo medieval fueron las cruzadas. Su objetivo era la recuperación de los Santos Lugares que se encontraban en manos de los “infieles”. Estas alianzas militares en la Europa cristiana empezaron a partir del Concilio de Piacenza, en 1095, impulsadas por el Papa Urbano II. En total hubo ocho cruzadas oficiales entre este año y el año 1291 con la caída del último bastión cristiano en Tierra Santa: la ciudad de Acre.  Estas expediciones eran llevadas a cavo por las órdenes militares[6].
Por último, la institución más importante surgida a partir de la Iglesia fue la Inquisición. Es como se denominaba al colectivo de organismos que actuaban en los diferentes países cristianos[7] y se dedicaban condenar la herejía. La Inquisición medieval fue establecida en 1184 con la publicación de la bula Ad abolendam del Papa Lucio III. Los inquisidores impartían duros castigos físicos a los que consideraban herejes. En el año 1252, el Papa Inocencio IV autoriza mediante la bula ad Extirpanda el uso de la tortura para hacer confesar de sus crímenes a los reos, pero recomendando a los torturadores que no se excedieran hasta el punto de mutilarlos o matarlos.
En Roma, la Congregación del Santo Oficio fue creada en el año 1542 por el Papa Pablo III. Su principal tarea fue desmantelar y atacar a las organizaciones, corrientes de pensamiento y posturas religiosas que minaran la integridad de la fe católica, y examinar y prohibir los libros que se considerasen ofensivos para la ortodoxia. Al principio, la actividad de la Inquisición romana se limitaba a Italia, pero el 1555, el Papa Pablo IV comenzó a perseguir a numerosos sospechosos de heterodoxia, entre los que se encontraban varios miembros de la jerarquía eclesiástica.


[1] El Edicto de Milán (Edictum Mediolanense) fue promulgado en el año 313 por los emperadores Constantino I el Grande (c.272 – 337) y Licino (c. 250 - 325). En la primera parte del edicto se establece el principio de libertad de religión para todos los ciudadanos y, como consecuencia, se reconoce explícitamente a los cristianos el derecho a gozar de esa libertad. En la segunda se decreta restituir a los cristianos sus antiguos lugares de reunión y culto, así como otras propiedades, que habían sido confiscados por las autoridades romanas y vendidas a particulares durante las persecuciones que sufrieron en el pasado.
[2] El Edicto de Tesalónica (Cunctos Populos) fue publicado en el año 380 por los emperadores Teodosio I el Grande (347 – 395) y Valentiniano II (371 – 392). Su objetivo es proclamar la religión católica como la religión oficial del Imperio Romano: “(…) Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos (…) creemos en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo(…) Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía.” [“MPPP. Gratianus, Valentinianus et Theodusius AAA. Edictum ad populum verbis Constantinopolitanae”]
[3] El rito romano es el  rito litúrgico usado por la Iglesia. La Oración Eucarística “fue modificada y reconstruida substancialmente en algún momento entre los siglos IV, VI y VII”: [Adrian Fortescue]; Este rito ha sido modificado varias veces por los papas, siendo el más actualizado de promulgado en el concilio Vaticano II  (1959) por el papa Juan XXIII.
[4] El purgatorio es una especie de estadio intermedio entre el cielo y el infierno. La importancia que se le da a partir de ahora a este elemento favorecerá la función intermediadora de la Iglesia a través de las oraciones y misas e incrementará el papel de los santos.
[5] Especialmente la penitencia y la comunión pascual, que se plantean como trámites anuales que el fiel ha de cumplir ante su párroco y confesor. Los sacramentos, sobre todo los que significan cambios vitales (bautismo, matrimonio, extrema unción), y los rituales funerarios, cohesionaban fuertemente a la sociedad local.
[6] Las órdenes militares eran sociedades de caballeros cristianos (miles Christi), que eran mitad monjes y mitad soldados. Las más relevantes fueron la orden del Santo Sepulcro, los Templarios y los Hospitalarios. En España destacan las de Santiago, Calatrava y Alcántara.
[7] La Inquisición Española fue fundada en el año 1478 por los Reyes Católicos a imitación de otras instituciones del mismo tipo surgidas en otros países, con la característica de que estaba ligada a la monarquía. Las actividades principales de la Inquisición Española se centraron en la búsqueda de falsos conversos, influyó en la expulsión de los judíos en 1492 y la de los moriscos en 1609, una dura represión contra el protestantismo y ejerció de censora para defender los intereses del cristianismo. También fue importante la “caza de brujas” fruto del sentimiento supersticioso de la época, que acabó con la vida de muchas mujeres. El inquisidor español más famoso fue Tomás de Torquemada, prior de los Dominicos de Segovia, que fue inquisidor entre 1481 y 1498.

Las tiranías en la antigua Grecia. Atenas: Solón y Pisístrato.




Entre el siglo IX y principios del VIII a.C., las monarquías griegas habían ido sustituyéndose poco a poco por oligarquías aristocráticas formadas por familias nobles que obtenían su poder con la compra y posesión de las tierras, convirtiéndose en los nuevos basileus[1]. Sin embargo, la situación política volvió a cambiar aproximadamente entre los años 670 y 500 a.C. al producirse un cambio en prácticamente todas las polis griegas[2], cuando aparece la figura del týrannos[3] (tirano)[4]. Estos tiranos provenían, al igual que sus predecesores oligarcas, de las clases aristocráticas, aunque algunos tenían unos orígenes menos grandiosos que otros. Todas estas tiranías tienen rasgos comunes entre ellas, por ejemplo, aparecieron cuando en la polis se estaba dando una situación de stasis en la cual varias familias aristocráticas luchaban por conseguir honores. tuvieron una corta duración. Los tiranos intentaron crear una especie de dinastías hereditarias, sin embargo, las más duraderas se mantuvieron en el poder únicamente durante tres generaciones. La primera generación solía contar con el apoyo del pueblo y, en ocasiones, de otros tiranos vecinos[5]; pero las siguientes se tenían que enfrentar al descontento popular e intentaban mantener en el poder de manera violenta. Este apoyo recibido se explica por que el pueblo llano veía a los tiranos como unos adalides del demos frente a las oligarquías ricas y opresoras. Éstos, por su parte, al conseguir el poder, tomaron medidas en contra de los ricos: promulgando leyes con el fin de limitar el poder y los privilegios de la aristocracia[6], algunos expropiaron sus tierras e incluso llegaron a matar a miembros de estas familias.
Estos regímenes tiránicos, por lo general, conllevaron a la mejora de las polis, que progresaron gracias a los programas de embellecimiento y construcciones públicas como templos, fortificaciones, etc. Y fomentaron el comercio exterior gracias, entre otras cosas[7] a la construcción de puertos y calzadas de piedra. Gracia también experimentó durante la época arcaica un periodo de gran creación artística[8], filosófica, con algunos personajes muy importantes como Pitágoras o Jenófanes de Colofón, y literaria, con autores como Safo o Alceo, de la isla de Lesbos.
El resultado del periodo arcaico fue que hacia el año 750 a.C., los griegos constituían un pueblo aislado y atrasado que estaba organizado en pequeñas ciudades controladas por caudillos y a finales del siglo VI ya tenían una sociedad avanzada que se extendía por el mediterráneo, ejerciendo el dominio del comercio por el mar y con unas polis ya definidas como la ciudades-estado que serán la base de la Grecia antigua.
En el caso de Atenas, también se dio un periodo de tiranía protagonizado por Pisístrato.
Solón (c. 640 – 558 a.C.) fue un poeta[9] y comerciante[10] que gobernó en Atenas antes del ascenso al poder de Pisístrato. Es considerado uno de los Siete Sabios de Grecia y alcanzó un gran prestigio por su participación en la conquista de Salamina[11]. Pertenecía a la familia de los Medóntidas y había conseguido fama de moderador en una época marcada por los conflictos entre un bando popular y la aristocracia antigua[12], por lo que fue nombrado arconte[13] en el 594 a.C. y se le concedieron poderes extraordinarios[14] para que pudiera crear leyes[15] que resolvieran el conflicto. Una de sus leyes fue la Seisáctheia con la que se abolía la esclavitud por deudas, lo que impedía usar hombres libres como garantía de deuda y la cancelación de deudas o reducción de intereses y del capital no pagado. Otras reformas que realizó fue otorgar la decisión de la herencia al testador que no tuviera hijos, medidas proteccionistas como la prohibición de exportaciones agrícolas (salvo aceite) a otras polis, estimuló el comercio y los oficios artesanales y concedió la ciudadanía a las personas desterradas de otras polis que se asentaran en el territorio ático de manera permanente y ejercieran un oficio. Por último, agrupó a los ciudadanos en 4 categorías en función de la riqueza, creando una especie de estado timocrático.
Estas medidas, aunque fueron muy valoradas posteriormente, especialmente durante el siglo V a.C. y, ciertamente, el nuevo orden favoreció el crecimiento económico y potenció la relación directa del ciudadano con el estado, pero no consiguió acabar con los desórdenes sociales. No sólo no fueron suficientes para solucionar el problema social, sino que además produjeron un recrudecimiento de la situación de stásis, ya que fueron poco satisfactorias para la clase más pobre.
Este estado timocrático fue, en gran parte, lo que favoreció en mayor medida el ascenso al poder del tirano Pisístrato.
Según Heródoto, tras el gobierno de Solón existían tres tendencias entre la rivalidad de los nobles: la costa o paralios, que representaba a los artesanos y comerciantes, tenía como máximo representante a Megacles. Las llanuras o pelieus, constituían los intereses de la aristocracia tradicional su representante era licurgo. Por último, el grupo de las colinas o hiperacrios, en el que se encontraban los agricultores pobres y descontentos por el sistema heredado de Solón, estaba representado por Pisístrato[16].
Pisístrato era pariente lejano de Solón y, apoyado por el pueblo, recurrió a artimañas[17] para conquistar el poder de manera ilícita. Al cavo de cinco años sus rivales se aliaron para derrocarlo pero, tras varios enfrentamientos entre ellos, Megacles se alió con Pisístrato y le restableció en el poder tras acordar que éste es casaría con su hija. Pero Pisístrato no cumplió el acuerdo y una segunda unión de sus enemigos lo derrocó por segunda vez exiliándolo ente los años 555 y 546 a.C. Finalmente volvió a conseguir el poder gracias a la ayuda de otros tiranos griegos y se mantuvo en el hasta su muerte en el año 528/7 a.C.
El gobierno de Pisístrato, estuvo marcado por su carácter antitimocrático y su ayuda a las clases más populares. Entre las medidas tomadas está la concesión de créditos a los ciudadanos mas necesitados con facilidades para su devolución para así eliminar la dependencia hacia las familias nobles más ricas; siguiendo la línea de Solón, potenció el cultivo de olivo y el comercio, y aumentaron las exportaciones de cerámica; creó tribunales en distintas localidades del Ática para evitar los desplazamientos de los campesinos; creó un programa de obras públicas con el que logró dar trabajo a muchas personas que lo necesitaban y haciendo público el patrocinio de dichas obras.
Tras la muerte de Pisístrato, tomaron el relevo de la tiranía sus hijos Hipias e Hiparco[18]. Tras el asesinato de este último en el 514 a.C. por un grupo de opositores[19], la tiranía de Hipias se convirtió en una dictadura opresiva. Sin embargo esta dictadura duró solo cuatro años, ya que en 510 a.C. los Alcmeónidas[20], ayudados por Delfos y Esparta[21], lograron derrocar y desterrar a Hipias junto con su familia y se les quitó la ciudadanía. Así acaba el periodo tiránico en Atenas.
Tras este periodo, llegó al poder Clístenes, no sin tener antes algunos enfrentamientos políticos[22]. Toda la situación política pasada llevó a Clístenes a realizar reformas que marcarían las bases esenciales de la democracia participativa ateniense.
En resumen: tras las reformas de Solón, que no fueron del todo satisfactorias con el pueblo y que instauraron una timocracia, la tiranía de Pisístrato supuso un respiro para los pobres y un avance social, político y cultural (sin olvidarnos de que estaba apoyado en las reformas de Solón). Este avance se vio frenado por la estuación de los hijos del tirano que dieron como resultado la derogación de la tiranía y el ascenso al poder de Clístenes que pondrá las bases de la democracia en Atenas.


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[1] Es el caso, por ejemplo, de Solón (c. 640 – 558 a.C.), un comerciante de origen aristocrático que se convirtió en el legislador de Atenas, promoviendo muchas reformas que perduraron durante mucho tiempo.


[2] En algunas polis como Egina u otras con una fuerte organización tribal como Arcadia y parte de la Grecia central o las controladas por poderosos terratenientes como Esparta, Tesalia o Beocia, no hubo tiranias.
[3] El término griego týrannos no implica las connotaciones despectivas que se le podrían atribuir en la actualidad, simplemente se refiere al que toma el poder y se mantiene en el sin ninguna legitimización. Esta significación se le asignará posteriormente motivada, en parte, por la propaganda de desacreditación de los aristócratas contrarios a los tiranos.
[4] El filósofo Platón, en su libro La República, habla de las formas de gobierno y como se suceden unas a otras como pasa con Atenas en estos siglos. Primero está la monarquía que para Platón será el mejor sistema de gobierno, junto con la oligarquía o el gobierno de unos pocos (que son los mejores). Sin embargo, según el filósofo estos sistemas tienden a degenerar en la tiranía, que es el peor de todos: [(…) la injusticia extrema, que es la que hace más feliz al injusto y más desdichados a los que padecen la injusticia y no quieren cometerla. Ella es la tiranía que arrebata lo ajeno, sea sagrado o profano, privado o público, por dolo o por fuerza, no ya en pequeñas partes, sino en masa.] PLATÓN, La República, 344a-b.
[5] En el intento de golpe de estado fallido de Cilón, éste recibió ayuda militar del tirano de Mégara, Teágenes, que era su suegro, sin embargo el apoyo no fue suficiente y Cilón fue asesinado por Megacles, de la familia de los Alcmeónidas, y sus seguidores. Los seguidores de Cilón, que estaban unidos por una cuerda a la estatua de la diosa Atenea, fueron asesinados por lo que se consideró a los Alcmeónidas como una familia maldita. En otros casos (principalmente los jonios), los tiranos llegaron incluso a recibir ayuda de los persas.
[6] Se promulgaron, por ejemplo, las leyes suntuarias, que limitaban el lujo y la ostentación a las clases aristocráticas.
[7] Fidón creo un sistema estándar de pesos y medidas para la península del Peloponeso, lo que sirvió para podre realizar intercambios con mayor precisión y velocidad.
[8] Durante esta época se crean algunos de los santuarios panhelénicos, como los de Apolo en Delfos y Zeus en Olimpia, donde los distintos tiranos realizan grandes ofrendas votivas para exhibir su poder, y se fomentan nuevos cultos populares, al tiempo que surgen mitos relacionados con dioses y héroes locales, lo que incrementa las identidades políticas de las distintas polis, que necesitan sentirse independientes y destacar sobre el resto.
[9] Únicamente conocemos una pequeña parte de los poemas de Solón (aproximadamente el 6%) y todos ellos en estado fragmentario. Su obra elegante y moralizadora, destacando sus elegías de carácter didáctico, como la de Salamina, donde exhorta a sus conciudadanos a la conquista de la isla.
[10] Según Plutarco [Vidas Paralelas, Volumen II] la actividad comercial llevada a cavo por Solón, respondía más a un afán de aventuras y conocimiento que a la intención de lucrarse con esa actividad. Sin embargo no podemos demostrar que esta afirmación sea cierta, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia por parte de autores como Plutarco o Aristóteles por ensalzar la figura de Solón por encima de la realidad. Lo que si sabemos es que con sus viajes consiguió una fortuna y mucha cultura.
[11] A finales del siglo VII, Megara conquista Salamina y Atenas renuncia a ella promulgando una ley que prohíbe plantear su conquista. Sin embargo, Solón reintroduce la cuestión en el debate político e incita a la lucha lo que supuso la reconquista de la isla.
[12] Tuvo relación con la expulsión de Atenas de la familia de los Alcmeónidas (nota 7), lo que le benefició políticamente.
[13] El arcontado era el cargo público más importante de la polis. Entre los años 753 y 683 a.C., su duración era de diez años, a partir del 683 pasó a ser un cargo anual. Había tres arcontes: El arconte epónimo, cuyas funciones consistían en encargarse de la administración civil y la jurisdicción pública, además de ser el tutor de las viudas y los huérfanos y ocuparse del teatro nombrando mecenas y ganadores de tetralogías. El arconte basileus asumía las funciones religiosas. El arconte polemarco, cuya función era dirigir el ejército, era el titulo de mayor transcendencia y el que ocasionaba las mayores disputas de poder.
[14] [(…) a Solón le hicieron de común acuerdo mediador y arconte y le confiaron la constitución.] Aristóteles Ath. Pol. 5.2
[15] La autenticidad de estas leyes no está demasiado clara. Esto es así por varias razones: no tenemos un texto original que agrupe todas las leyes de Solón, estas leyes tuvieron vigencia durante casi dos siglos, por lo que seguramente se añadieran leyes posteriores que se atribuyeran a Solón, por ese afán de ensalzar su figura (nota 12).
[16] C. Mossé no le da demasiada credibilidad a estas afirmaciones: [Es un espejismo puesto que tales categorías sociales no existían aún en la Atenas del siglo VI, donde el artesanado comenzaba tímidamente a desarrollase y donde el comercio estaba aún en manos de extranjeros] Historia de una democracia: Atenas, Madrid, 1981, p. 20
[17] Según Heródoto, se hirió a sí mismo y a unas mulas que llevaba y se dirigió hacia el ágora diciendo que sus adversarios políticos (paralios y pelieus, haciendo caso a Heródoto) le habían intentado asesinar, por lo que pidió al pueblo que se le asignara una guardia personal. Con ayuda de ésta, se apoderó de la acrópolis y del poder político.
[18] Tucídides piensa que el control de Atenas lo ejerció únicamente Hipias, pero algunos autores opinan que Hiparco fue su socio en el gobierno. Esto no lo sabemos con seguridad.
[19] Esta conjuración se produjo por que Hiparco, al no poder obtener los favores de un joven llamado Harmodio, ofendió a la hermana de éste negándole el llevar una cesta en la procesión de las panateneas. Harmodio, junto con un amante y algunas personas más, planearon el asesinato y derogación de los dos hermanos en la misma festividad. Sin embargo, la cosa se torció cuando, al ver que uno de los conjurados hablaba con Hipias y creyendo ser descubiertos, mataron apresuradamente a Hiparco.
[20] Ver notas 7 y 14.
[21] Esta ayuda tuvo que ser pagada por Atenas con su unión a la liga del Peloponeso, lo que tendrá gran importancia en épocas posteriores.
[22] Su rival, el aristócrata Iságoras, impulsó el abandono de Clístenes temporalmente de Atenas por pertenecer éste a la familia de los Alcmeónidas, que estaban “malditos” (nota 7)


domingo, 8 de abril de 2012

El pensamiento medieval



En la Europa medieval, la corriente de pensamiento imperante era la escolástica, que centraba sus esfuerzos en el estudio de la relación entre la fe y la razón, la demostración de la existencia de Dios, y el problema de los universales[1].
La escolástica fue perdiendo prestigio a partir del siglo XIV por el abuso de la dialéctica y la excesiva abstracción de su pensamiento. Guillermo de Ockham (1285 – 1349) cambió el curso de la escolástica rompiendo la armonía entre la razón y la fe defendida por le tomismo[2] y potenciando el nominalismo[3]. Todos estos conocimientos eran transmitidos principalmente por los clérigos quienes, por poseer el monopolio de la enseñanza, eran los únicos letrados. El latín era la lengua común que servía como vehículo para la ciencia y el pensamiento, mientras que en las obras literarias se generalizó el uso de la lengua común[4]. En un principio, estas enseñanzas se impartían especialmente a partir del siglo XI en las escuelas monásticas y las escuelas episcopales y, más tarde, en las universidades. Mucha importancia tuvieron para la cultura en el siglo VI dos italianos laicos: Boecio y Casiodoro. Boecio, encerrado por Teodorico, se dedico a traducir obras filosóficas griegas al latín. Casiodoro por su parte, tras hacerse monje, fue quien propuso estructurar la educación latina en el trívium (primer ciclo: gramática, retórica y dialéctica) y el cuadrivium (segundo ciclo: aritmética, geometría, astronomía y música). Esta estructura se mantuvo durante toda la Edad Media.
Los métodos didácticos, que se basan siempre en el estudio de los modelos antiguos, lecturas y comentarios de textos, se refinan gracias al empleo de la dialéctica[5].


[1] Los universales hacen referencia a los entes abstractos y generales y se contraponen a los particulares, que son entidades concretas y singulares. Por ejemplo, en la frase “la Toscana es una región de Italia”, “Toscana” e “Italia” serían particulares y “región” universal. El problema de los universales consiste en considerar a los particulares más, menos o diferentemente reales a los universales.
[2] El tomismo es una escuela filosófica que surgió en el siglo XIII a partir de la obra de Tomás de Aquino. Tomás unifica en cierta medida las verdades aristotélicas y neoplatónicas con los textos de las Sagradas Escrituras, creando una nueva filosofía Teológica. El tomismo considera la fe y la razón diferentes, pero no contradictorias.
[3] El nominalismo es una escuela filosófica que tiene como máximo representante a Guillermo de Ockham, quien es denominado por Duns Scoto como “el mayor nominalista que jamás vivió”. La escuela nominalista niega la existencia de los universales (ver nota 1) oponiéndose así a la escuela universalista. Ockham  incapacitaba a la razón para resolver las verdades de la fe, desacreditando el racionalismo pero sin saber que de esta manera creaba las condiciones óptimas para que la razón acabara por separarse de la teología.
[4] Se considera que los primeros usos de  la lengua castellana primitiva en la literatura se encuentran en los romances, fragmentos de textos breves introducidos en las jarchas, que son a su vez la parte final de las moaxajas, poemas cultos árabes que tuvieron su momento de mayor esplendor en Al-Ándalus durante los siglos IX y XII y fueron descubiertas por el hebraísta Samuel Miklos Stern en 1948.
[5] La enseñanza se compone en varias fases: lectura (lectio), que da la explicación gramatical y literal de un texto y su contenido doctrinal; discusión, que se centra en las dificultades del texto o de la doctrina (questio et disputatio) y se organiza como un sistema de argumentación “pro y contra”, para acabar con la fijación de la doctrina definitiva por el maestro, que resuelve las contradicciones (determinatio). Los resultados a los que se llega se expresan mediante “sentencias” que versan sobre temas de moral y de tecnología, sobre las cuales se elaboran manuales -siendo el más conocido el de Pedro Lombardo- que están organizados según un orden lógico: se trata, pues, de una “suma”. [M. Balard, de los bárbaros al Renacimiento, ed. Akal, 1983]